Vino Blanco Quíbia – Anima Negra

El Quíbia de Ánima Negra, es el claro ejemplo de la brillantez del equipo de AN, (Cerdà, Obrador, Grimalt?) Auténticos alquimistas que ayudaron a recuperar la dignidad de los vinos isleños.

En realidad, el Quíba, es un mitad blanco y mitad “blanc de noirs” (un vino blanco hecho mitad de uva tinta y mitad blanca), ya que sus variedades son blanca (moll o prensal) y el callet (tinto), y no se si algo de Giró, usados de igual manera como se haría un champagne francés con chardonnay (uva blanca) conjuntamente con pinot noir y pinot meunier  (uva tinta). Un vino  muy equilibrado, afrutado, suave, sin estridencias aromáticas, perfecto para disfrutar un momento de verano compartido con buenos amigos.

Desde que probé los tintos de Ánima Negra, que para mí, son un gran acierto, me sorprendió que sólo tuvieran tintos, enormes, voluptuosos, peroal fin y al cabo, tintos ajenos al calor del verano. A un hombre sencillo y sin complicaciones como yo, que adora los rosados y en menor medida los buenos blancos, encontré que era injusto que estos grandes creadores sólo se centraran en un producto que me encanta, pero que en verano no apetece tanto.

Como, comentaba en un artículo sobre la actualidad de los vinos mallorquines, el grueso de los hectolítros producidos en la isla, se consumen in situ, debido al gran volumen de turistas que buscan refrescarse el gaznate con buen vino local, y suelen demandar en gran medida rosados y blancos. Por lo que para cualquier bodega local, tener un rosado o blanco siempre ayuda a hacer cash rápido y conseguir unos ingresos muy interesantes sin tener un inmovilizado de tinto en estock, mientras se afina en barrica o botella.

Por lo que imagino que el Quíbia cumple este requisito, de tener un buen vino blanco, para un gigantesco mercado local que lo demanda. Pues recuerdo que el primer Quíbia que prové hace ya unos veranitos, me dejó tibio, no me refrescó, no mostraba la gran alquímia conseguida con los tintos que hacen en AN. Era un vino blanco normal más. Eso debió hacer mella en la propia marca (según comenta a veces Cerdà, que lo sufre en sus propias carnes ya que es un vendedor nato que batalla en primera línea de fuego), pero a la vez, ahí reside la genialidad del bodeguero en darle la vuelta a la tortilla, renacer cual ave fénix, y rehacer un vino blanco tremendo, como lo ha llegado a ser en la actualidad el Quíbia, última versión 2.0.

Como me dijo un dia, el gran enólogo Rafael Bordalás, de Bodega Bordalás García de Gratallops en el Priorat: -Hay que defender tu vino, siempre es el mejor de todos, porque lo has hecho tú. Estoy de acuerdo hasta cierto punto. Hay que saber rectificar, aceptar la realidad y luchar por mejorar, y superarte en buscar la perfección en todo lo que se hace. Y este es el claro ejemplo que AN, siempre se supera, ante el reto al que se enfrenten para conseguir algo todavía mucho mejor.

Amante de las buenas bebidas, de riñón rápido e hígado débil. Aprendiz de alquimista de vinos y espirituosos, hedonista a la vez que asceta

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